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La aventura · Cómo nació CR360

Algo que nadie
hubiera hecho antes

Todo empezó con un sueño simple: hacer algo grande, algo diferente, algo que nadie hubiera hecho antes.

Al principio busqué esa aventura fuera del país. Pero mientras más lo pensaba, más claro tenía algo: Costa Rica, mi país, el que amo tanto, tenía todo lo que necesitaba para ese reto único. No hacía falta salir a buscarlo afuera.

Empecé a trazar rutas, conocidas y desconocidas, todavía sin una idea clara de qué quería lograr. Ya había cruzado el país de Caribe a Pacífico, y ese mismo año planeaba cruzarlo de Panamá a Nicaragua. Fue ahí cuando me hice la pregunta que lo cambió todo: ¿por qué no hacer todo el perímetro del país?

El plan empieza a tomar forma

Me puse a trazar mapas y, poco a poco, entendí lo duro que iba a ser esto: la altimetría era altísima. Ese mismo año corrí las tres carreras de ultraendurance que existen en Costa Rica —la última la terminé a inicios de mayo— y ahí caí en cuenta de algo: ya no me quedaban más carreras largas por correr en el país. Solo quedaban competencias regulares de 200 km. Eso terminó de convencerme. Si quería un reto de ultraendurance, tenía que crearlo yo misma.

Así que me lo propuse en serio y terminé de trazar la ruta completa: más de 2.000 km y más de 30.000 m de ascenso.

Tenía dos opciones después de Manzanillo: seguir hacia Panamá, o devolverme por Siquirres y bajar por Cartago. Bajar por Cartago significaba muchísima más altimetría. Pero seguir hacia Panamá significaba salirme de Costa Rica, y yo no quería hacer «casi» Costa Rica 360, quería hacer CR360. Entre Manzanillo y San Vito no hay forma de bajar en línea recta, porque está el Parque Internacional La Amistad de por medio. Así que decidí rodear por Cartago y quedarme en territorio costarricense, cueste lo que cueste en metros de ascenso.

No quería hacer «casi» Costa Rica 360.
Quería hacer CR360.

Los entrenamientos que me enseñaron todo

Cuando le conté el plan a mi entrenador, su respuesta fue clara: sí estaba en condiciones de hacerlo, pero necesitaba entrenamientos específicos. Me propuso dos fondos de 800 km, uno a finales de mayo y otro a finales de junio, antes del CR360 a finales de julio.

En el primer fondo aproveché para reconocer partes de la ruta: entrenamiento y reconocimiento al mismo tiempo. Ahí aprendí algo que me cambió el enfoque por completo: trazar una ruta en un mapa no es lo mismo que poder recorrerla. Pasaron cosas en el camino que me obligaron a cambiar la ruta sobre la marcha, y ese fondo terminó en 640 km en lugar de 800. Volví a casa con una nueva tarea: perfeccionar los mapas y buscar mejores herramientas digitales que me dieran certeza real de por dónde se puede pasar.

El segundo fondo salió mucho mejor, aunque también hubo tramos donde tuve que devolverme y ajustar. Volví a casa a seguir refinando, buscando caminos garantizados en el mapa. Me hubiera encantado tener más tiempo para explorar rutas menos conocidas, pero julio ya estaba encima, así que prioricé asegurar el paso por cada tramo.

Así quedó CR360: más de 2.000 km y más de 30.000 m de ascenso. Los números del mapa nunca son los que terminas haciendo —siempre se suman kilómetros por bajar a un hotel, a un restaurante, a un supermercado—. Espero que esas sean las únicas razones para sumar de más esta vez, y no caminos cerrados. Siento que ya estudié la ruta lo suficiente para que eso no pase.

Por qué lo hago

CR360 nace de las ganas de hacer algo único, algo que nadie haya hecho, un reto grande para mí. Y me llena de ilusión saber que el reto deportivo más grande que me he planteado no es una competencia a la que voy a asistir: es algo que yo misma creé. Así que no tengo a quién echarle la culpa cuando esté sufriendo en el camino.

También me llena de ilusión ver a toda la gente que me ha acompañado en este proceso: patrocinadores, y personas que con sus palabras y su apoyo han estado ahí siempre. Mi familia ha sido un pilar constante. Y mi pareja ha sido mi sostén en todo este camino: apoyando mis locuras, estando presente en todo lo posible, ayudándome con todo lo que tiene.

Soy una bendecida por tener la salud y la fuerza para este reto. Pero también por tener el apoyo que tengo, y la bendición de poder decir «yo puedo» y que haya tanta gente a mi lado diciéndome «claro que sí, tú puedes». Creo que eso es lo más lindo que me ha dejado CR360 hasta ahora.

Cuando termine esta aventura, sé que voy a querer hacer más. Costa Rica se me está quedando pequeño. Tocará explorar nuevos horizontes. Pero este reto me llena de ilusión, de felicidad, y me da muchas razones para agradecer.

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